lunes, 12 de octubre de 2026

Una línea cada vez más fina entre la verdad y la mentira.







Las redes sociales requieren ser leídas con un filtro cada vez más refinado por la enorme cantidad de bulos que circulan diariamente. Cuando vas pasando por el "menú" de  ofertas de las distintas redes te enfrentas con un mar infectado de comentarios y videos que se disputan “noticias" que van desde lo grosero al insulto.  Es una situación lamentable que genera gran confusión, especialmente entre aquellas personas que no reflexionan en los contenidos ni los analizan y que se dejar arrastrar por sensacionalismos. El auge de las redes sociales ha incrementado exponencialmente las oportunidades para que individuos malintencionados difundan falsedades que pueden tener el simple objetivo de molestar, confundir o  sembrar fines nefastos como destruir reputaciones, dañar industrias o incluso provocar problemas sociales. Lamentablemente un grueso de la población no repara en lo que lee y no se detiene a dudar y confirmar información en los periódicos establecidos, los cuales invierten en periodistas profesionales que acuden a las fuentes para verificar las realidades antes de publicarlas. 


El asunto se complica porque el analfabetismo, la baja escolaridad y la limitada capacidad de análisis crítico dificultan que las mayoría de las personas identifiquen y rechacen noticias falsas.  Esto se complica en países como el nuestro con tan elevado nivel de analfabetismo principalmente en los segmentos más vulnerables donde la reproducción de los bulos entre sus contactos crean agitación social. Desafortunadamente, los niveles educativos son cada vez más deficientes. Esto contribuye a un aumento en la circulación de mentiras, muchas de los cuales son tan evidentes que no resisten el menor escrutinio. 


Penosamente el tema se complica con el mal uso de la IA tal como podemos leer en esta noticia del periódico El País de España.


“La presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, ha denunciado enérgicamente el acoso digital tras desvelarse que unas 60 personas de la Eurocámara (en su inmensa mayoría eurodiputadas) fueron víctimas de pornografía "deepfake". Sus rostros fueron manipulados mediante inteligencia artificial para generar imágenes y desnudos falsos altamente realistas que se difundieron en portales pornográficos”. 


Ese peligroso camino es al que me refiero y que debería preocupar a todos los que aspiramos a un mejor uso de la tecnología para que sirva mejor a la sociedad. Mientras tanto la fina línea entre verdad y mentira puede ser cada vez más tenue y atrevida y exponernos a una pesadilla de verdades alternativas. 


Ahora bien, ¿qué podemos hacer mientras tanto? Pues queda contrastar las informaciones via sitios confiables u oficiales, acudir a fact-checking, no pulsar "me gusta" a las publicaciones dudosas ni tampoco "compartir" ( si lo hacemos damos paso a algoritmos que pueden entender que se trata de algo importante), denunciemos las mentiras o procuremos eliminarlas si podemos hacerlo y finalmente eduquemos a nuestro entorno inmediato.  Es una carrera que quizás no ganemos totalmente pero que podemos frenar si contribuimos con pasos como estos y otros que vayan surgiendo. 

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