La exclusión digital de los mayores de 65: un error humano y económico
Hace unos días leí en la versión digital de la BBC un artículo que señalaba algo que muchos vemos a diario, pero que pocas veces se discute con seriedad: las nuevas tecnologías no están siendo amigables para las personas mayores de 65 años.
Una parte importante de este segmento está compuesta por personas con ingresos estables, ahorros y patrimonio acumulado. Sin embargo, estas personas están siendo, de una forma u otra, esquivadas o simplemente olvidadas por las empresas que desarrollan soluciones digitales. Bancos, aseguradoras, comercios, servicios públicos y privados han migrado rápidamente a plataformas digitales que, en muchos casos, resultan difíciles —o directamente inaccesibles— para los adultos mayores.
El problema no es menor si tomamos en cuenta un dato clave: las personas viven cada vez más.
Gracias a las vacunas, los tratamientos médicos y los sistemas básicos de salud comunitaria, se han reducido significativamente las muertes tempranas. Las enfermedades infecciosas han cedido terreno y hoy predominan las enfermedades crónicas, como las cardiopatías o el cáncer, que permiten una vida más larga, aunque con nuevos desafíos.
Según estadísticas globales, en América Latina y el Caribe la esperanza de vida pasó de aproximadamente 67.5 años en la década de 1990 a 75.6 años en 2023. Es decir, un incremento cercano a 8 años en poco más de tres décadas, lo que equivale, en promedio, a dos o tres meses adicionales de vida por año.
Este cambio demográfico tiene implicaciones profundas que muchas organizaciones aún no han sabido interpretar.
Más años de vida, pero menos acceso
A medida que la vida adulta se prolonga, la dependencia de servicios digitales aumenta: banca electrónica, seguros, pagos, trámites gubernamentales, comercio electrónico y atención médica. Sin embargo, el diseño de estas plataformas suele asumir que todos los usuarios tienen el mismo nivel de familiaridad tecnológica.
Cuando esto no ocurre, el resultado es claro:
personas que pierden autonomía, que dependen de terceros para tareas básicas y que se sienten desplazadas de un sistema que, paradójicamente, prometía facilitarles la vida.
Esto no solo representa un problema social y humano, sino también un error de mercado. Las personas mayores de 65 años ya representan cerca del 20 % de la población en muchos países, y ese porcentaje seguirá creciendo con el envejecimiento demográfico, como ya ocurre en países como España.
La brecha digital no es igual en todos los países
El comportamiento frente a la tecnología varía significativamente según el contexto. De acuerdo con estudios publicados en JMIR Aging, las tasas de exclusión digital entre adultos mayores muestran grandes diferencias a nivel internacional.
Por ejemplo:
• En India, cerca del 91 % de los adultos mayores se encuentran digitalmente excluidos.
• En países como Bulgaria y Rumania, entre 59 % y 68 % de las personas mayores no utilizan internet.
Estas cifras muestran que el problema no es individual, sino estructural.
La educación como parte de la solución
La mejor forma de subsanar esta exclusión no es ralentizar la digitalización, sino acompañarla. Y aquí es donde universidades, escuelas técnicas y centros de formación tienen una enorme oportunidad —y responsabilidad—.
Programas de entrenamiento presenciales, prácticos y adaptados, enfocados en:
• Uso básico de banca digital
• Seguridad en línea
• Trámites digitales esenciales
• Comunicación y servicios cotidianos
No se trata de “alfabetización digital” sino de empoderamiento digital. De devolver autonomía, confianza y participación plena a un segmento que todavía tiene mucho que aportar.
Este es uno de los grandes retos que enfrentamos hacia un futuro en el que la tecnología —y ahora la inteligencia artificial— puede dejar completamente al margen a un segmento importante de la población.Las universidades y los centros de enseñanza tienen aquí una oportunidad doble: contribuir activamente al desarrollo social del país y, al mismo tiempo, abrir una nueva y fuente de negocios.La inclusión digital de los adultos mayores no es caridad, es visión.
Porque una sociedad verdaderamente moderna no es la que digitaliza más rápido, sino la que no deja a nadie atrás en el proceso.
Ortega y Gasset advertía que cada generación hereda una circunstancia y una responsabilidad. Hoy, nuestra circunstancia es tecnológica. Nuestra responsabilidad es decidir si esa tecnología integra o excluye. Ignorar a los mayores no es una consecuencia inevitable del progreso; es una decisión cultural. VAMOS!!



