Esta fotografía que tomé hace unos días es un claro ejemplo de la tragedia nacional que representan las motocicletas. Una niña de algunos diez años pasajera desprotegida en una motocicleta.
La cotidianidad es que los motoristas se han constituido en un peligro tanto para ellos mismos como para sus pasajeros y para peatones, y vehículos en general.
Durante los últimos 30 ó 40 años, ha sido imposible para las autoridades hacer que los conductores respeten las normas de tránsito de estos vehículos en la ciudad y en áreas rurales. Los motoristas a menudo ignoran todas las leyes de tránsito. No les importa si hay un policía cerca o no ni que el semáforo esté en luz roja. Tampoco les importa si un peatón está cruzando o si están circulando en vía contraria o si están sobre las aceras.
Parecen no preocuparse por nada. Aunque no me gusta generalizar, y hay algunos que sí respetan las leyes, la mayoría de los motoristas parece vivir en una constante competencia, poniendo sus vidas en riesgo. Algunos departamentos de hospitales, como el Darío Contreras, incluso llevan nombres de marcas de motocicletas debido al alto número de motociclistas hospitalizados o que han perdido miembros por violar las leyes de tránsito.
Quizás sea necesario que las autoridades estudien cómo otros países enfrentan y resuelven problemas similares. Esto podría ayudar a mitigar este problema del siglo XXI.
Recuerdo que hace muchos años, en el siglo pasado, las Vespas llegaron al país y causaron una revolución. En la calle Julio Verne de la ciudad, , había un hotel llamado Hotel Checoslovaquia donde se hospedaban checoslovacos que trabajaban en la fábrica de armas de San Cristóbal. La mayoría de ellos tenía Vespas y las manejaban por la ciudad demostrando su habilidad de forma casi circense, pero siempre respetando las leyes. Claro, era una época de dictadura y romper las leyes resultaba en serias consecuencias.
Con el tiempo, aparecieron nuevos tipos de motocicletas, especialmente las producidas en países asiáticos. Estas motocicletas, debido a su precio y condiciones, se hicieron muy populares hasta dominar el mercado y convertirse en los vehículos de motor mayoritarios del mercado.
Algunas personas me comentan que los motoristas contribuyen con el desenvolvimiento social ofreciendo servicios de transporte de alimentos y medicinas, y ciertamente así es pero eso no debe llevar a que se les otorgue patente de corso para arremeter contra las normas de convivencia civilizada. Sus servicios son importantes pero siempre y cuando se realicen dentro de las normas.
La realidad es que no veo cómo se pueda resolver esta situación sin tomar medidas drásticas. Sé que las autoridades han estado capturando a quienes infringen las leyes, como aquellos que entran en túneles o circulan en dirección contraria, pero estas medidas no son suficientes dado que estamos hablando de casi tres millones de motocicletas. Es necesario investigar el origen de estas motocicletas y establecer obligaciones en su fuente. Además, si las motocicletas pertenecen a empresas, se deben tomar medidas para que estas empresas obliguen a sus conductores a actuar de manera racional y obedecer la ley.
En realidad, es difícil digerir lo que a veces escucho en los medios: que los motoristas constituyen una masa de votantes muy importante y que tomar medidas en su contra sería perder una gruesa participación del mercado en las elecciones. Si ese es el criterio que prima, mucha pena me daría este país nuestro, de que las autoridades tengan que ceder ante los que violan las leyes para poder lograr posiciones cimeras en la política nacional. Estaríamos siendo sujetos de los violadores de leyes y eso, señores, no se puede nunca permitir.
Mientras tanto por otro lado es necesario que se continue con un plan de educacion en escuelas y universidades y publico en general a traves de todos los medios de comunicacion para crear la conciencia necesaria a todos los niveles antes que este problema sea definitivamente insoluble.

